Sacerdocio en la Antigua Roma: El flamen

Cuando alguien piensa en la Antigua Roma, alguien de a pie, lo más probable es que se le vengan a la cabeza un conjunto de datos difusos, que casi inevitablemente estarán unidos a lo militar o a lo civil. El apartado religioso suele quedar asociado a lo heleno. No obstante y pese a esto, el carácter romano encierra un importante factor espiritual y es aquí donde aparece una de las figuras más originales y extrañas del sacerdocio. Y es que el Flamen ya era extraño para sus propios contemporáneos, quienes lo asociaban con saberes ancestrales de la antigua Italia.

En Roma no existía una casta sacerdotal exclusiva. Todo paterfamilias podía realizar los ritos pertinentes a su domicilio y en muchas ocasiones eran senadores los que intercedían ritualmente en nombre del Estado. Pero esas ceremonias solían ser complejas y para realizarlas correctamente se necesitaba de alguien bien formado, por lo que los sacerdotes ocupaban la parte profesional dentro de la ritualidad. El Flamen era uno de estos profesionales que además eran los encargados de velar por sus divinidades y sus templos. Su forma de nombramiento era específica para cada caso y con el nombre recogían una lista de obligaciones y derechos.

El Flaminado se dividía en tres clases mayores y doce menores, siendo dedicadas al culto de una divinidad concreta sin que ello supusiera la imposibilidad de culto a otras. Dentro de las mayores los dioses venerados eran Quirino, por el Flamen Quirinalis, Marte, por el Martialis, y Júpiter, por el Dialis. Y este último era considerado Alto Sacerdote, y por lo tanto miembro prestigioso dentro de la sociedad romana. El Dialis era el más alto cargo dentro del Flaminado y también del que mayor cantidad de información se dispone; no es de extrañar, entonces, que tanto sus obligaciones como sus derechos sobresalieran entre los del resto de sacerdotes.

Era poderoso y estaba agraciado con una serie de dispensaciones y derechos como ser emancipado del control paterno, convirtiéndose así en sui iuris, tener un líctor a cargo de su escolta, poder sentarse en la silla curul -a pesar de no poseer el imperium-, vestir la toga praetexta u ocupar asiento en el Senado. Además era el único de los Flamen en poder utilizar el Apex o albogaerus, una especie de bonete atado por debajo de la barba. Pero junto a esos beneficios cargaban con otras limitaciones y sanciones. Fuentes incluso llegan a afirmar que la caída del Apex durante una ceremonia pudo haber supuesto la destitución de algún Flamen.

Su vida estaba supeditada a costumbres que pueden llegar a parecer excesivas y lo mismo sucedía con su esposa, la Flaminica. Ambos eran considerados como personificaciones de la sacralidad, y esto venía con una serie obligaciones que iban desde evitar a toda costa los nudos a la imposibilidad de ausentarse de su ciudad asignada por más de una noche (aunque esto fue modificado por Augusto y ampliado hasta dos). También tenía prohibido dormir fuera de su cama más de tres noches consecutivas, montar a caballo (ni siquiera podía tocarlo), mirar a un ejército armado o ser elegido como cónsul. Parece ser que el objetivo de estas prohibiciones era evitar que
el sacerdote se desviara de sus tareas. Su esposa, con la que contraía matrimonio mediante la confarreatio al igual que el resto de los flamines mayores, debía utilizar un determinado tipo de peinado y ropa y cuidar de no subir más de tres escalones para evitar mostrar los tobillos. Por otra parte, el divorcio estaba prohibido al ser necesaria la ayuda de la Flaminica en los rituales. Si ésta fallecía, el Flamen estaba obligado a dimitir.

Posteriormente, con la llegada de Augusto al poder y su reforma religiosa, esta institución pasó a desempeñar una función adaptada a los intereses del Imperio. Prácticamente se convirtió en un medio de adulación al Princeps. Como curiosidad se puede añadir que Cayo Julio César desempeñó el cargo de Flamen Dialis durante un tiempo, pero que al final fue exonerado debido a incorrecciones en su vestimenta.

Diego Fernández Núñez

Referencias bibliográficas:

SUETONIO TRANQUILO, CAYO. (2010). Vidas de los Césares. Madrid: Alianza editorial.

Fuente de imagen de cabecera: https://llewelynmorgan.com/tag/flamen-dialis/ (recuperado en 17 de Agosto de 2018)

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